Alrededor de 3,000 personas oraron y se manifestaron en repudio por los asesinatos y la inseguridad en Ciudad Juárez (Reuters). Fotografía tomada de aquí
La vulnerabilidad a la que me he referido en varios artículos que son parte de mi línea de investigación #InfanciaMarginada y #CasoMéxico consiste en una completa ausencia de paz social, debido entre muchos factores a la putrefacción (corrupción y complicidad) del Estado. Esta vulnerabilidad consiste también en la total indefensión de la población, en la ausencia de seguridad, en la imposibilidad de sobrevivencia tanto de la población misma como de organizaciones sociales y de derechos humanos, en la gobernabilidad de organizaciones criminales y extranjeras con estructuras muy bien definidas, etc. (Ver Archivo A.O. 26/01/2012)
Actualmente, tanto los niños y los jóvenes están sujetos a esta vulnerabilidad por lo que se hace imprescindible precisar este concepto.
Se dice que una parte de los objetivos de la guerra emprendida contra el pueblo por los diferentes bandos, consiste en enlodar a las víctimas para que nadie reclame justicia. Reconocer a la niñez y juventud mexicana como víctimas del sistema de guerra es también admitir que estos sectores, sobre todo el juvenil, han sido objeto de infamias y por lo tanto son inocentes.
Se dice que una parte de los objetivos de la guerra emprendida contra el pueblo por los diferentes bandos, consiste en enlodar a las víctimas para que nadie reclame justicia. Reconocer a la niñez y juventud mexicana como víctimas del sistema de guerra es también admitir que estos sectores, sobre todo el juvenil, han sido objeto de infamias y por lo tanto son inocentes.
Una muestra de lo anterior es la suspensión de tres alumnos de secundaria por actos de extorsión en Ciudad Juárez, Chihuahua (La Jornada, sábado 28 de enero de 2012, p. 30).
Según la nota de Rubén Villalpando, autoridades educativas suspendieron temporalmente a tres alumnos de la Secundaria Federal 19 debido a que cobraban a sus compañeros entre 15 y 40 pesos diarios para no hacerles daño.
Para las autoridades de la secundaria, estos jóvenes cometieron actos de extorsión y como castigo, debían ser alejados temporalmente de sus compañeros, por supuesto sin ninguna posibilidad de aprender a establecer relaciones sanas, de identificación, de compañerismo, etc.
Sin embargo, es hasta el final de la nota que sabemos que además de la suspensión temporal, los jóvenes fueron enviados al tutelar mientras se investigaba el caso. Estos "presuntos infractores" estarían en la cárcel de menores hasta que la Fiscalía en Ciudad Juárez decidiese que eran inocentes.
Seguramente, estos tres jovencitos son parte de un ejército de niños y jóvenes, hijos de madres solteras que laboran de obreras en las plantas de ensamble. Estos jóvenes juarences, asegura el periodista Luis Hernández Navarro, han crecido en viviendas sin equipamiento urbano suficiente y sin lugares para recreación, sin más futuro que sobrevivir integrándose a las bandas.
Para periodistas como Hernández Navarro, Ciudad Juárez es el epicentro del temblor de horror que sacude México; en Juaritos “[las] mujeres desaparecidas, [los] defensores de derechos humanos asesinados, [los] jóvenes detenidos arbitrariamente por la policía y el Ejército, [los] trabajadores de la maquila despedidos por reclamar condiciones de trabajo humanas”, etc., son el dolor y la rabia de cada día.
Para las autoridades de la secundaria, estos jóvenes cometieron actos de extorsión y como castigo, debían ser alejados temporalmente de sus compañeros, por supuesto sin ninguna posibilidad de aprender a establecer relaciones sanas, de identificación, de compañerismo, etc.
Sin embargo, es hasta el final de la nota que sabemos que además de la suspensión temporal, los jóvenes fueron enviados al tutelar mientras se investigaba el caso. Estos "presuntos infractores" estarían en la cárcel de menores hasta que la Fiscalía en Ciudad Juárez decidiese que eran inocentes.
Seguramente, estos tres jovencitos son parte de un ejército de niños y jóvenes, hijos de madres solteras que laboran de obreras en las plantas de ensamble. Estos jóvenes juarences, asegura el periodista Luis Hernández Navarro, han crecido en viviendas sin equipamiento urbano suficiente y sin lugares para recreación, sin más futuro que sobrevivir integrándose a las bandas.
Para periodistas como Hernández Navarro, Ciudad Juárez es el epicentro del temblor de horror que sacude México; en Juaritos “[las] mujeres desaparecidas, [los] defensores de derechos humanos asesinados, [los] jóvenes detenidos arbitrariamente por la policía y el Ejército, [los] trabajadores de la maquila despedidos por reclamar condiciones de trabajo humanas”, etc., son el dolor y la rabia de cada día.
Me pregunto entonces: ¿por qué es más redituable criminalizar a tres adolescentes por reproducir algo que viven a diario y desde hace tiempo en las calles de Juárez? ¿Por qué es más fácil encarcelar y con ello alienar a tres jovencitos, que detener al crimen organizado que vulnera terriblemente al pueblo juarense? ¿Por qué la solución es que tres adolescentes "peligrosos" se pudran en la cárcel?
La respuesta "lógica" e intencionada del Estado es inculpar y sentenciar a tres jóvenes que extorsionaron pero que en realidad, reproducen la violencia a la que han sido sometidos desde hace varios años en sus propios barrios.
Otro ejemplo de vulnerabilidad es el caso de los niños con altos índices de sobrepeso y obesidad en Matamoros, Tamaulipas, una de las principales ciudades de guerra.
Otro ejemplo de vulnerabilidad es el caso de los niños con altos índices de sobrepeso y obesidad en Matamoros, Tamaulipas, una de las principales ciudades de guerra.
Según una nota de Julia Le Duc (La Jornada, domingo 29 de enero de 2012, p. 27), se registró que unos 2 mil niños con sobrepeso y obesidad se encuentran recibiendo tratamiento médico en esta ciudad. A través del programa Crece Sano, indica la nota, la Secretaría de Salud inició "un programa de revisión en escuelas públicas municipales que permitió ubicar a menores con obesidad alarmante".
Los niños en Tamaulipas, gravemente enfermos y con un altísimo riesgo de desarrollar diabetes, hipertensión, enfermedades cardiacas, etc., son víctimas del Estado de guerra por la situación a la que los han reducido a sobrevivir.
La tensión y el miedo ante la violencia, provocada por la militarización, los enfrentamientos, secuestros, robos, desapariciones forzadas, etc., el encierro y por lo tanto la falta de actividad y ejercicio, y la pésima alimentación debido a la pobreza, si consideramos que ésta se encuentra directamente relacionada con el sobrepeso y la obesidad, son factores con los que el Estado vulnera sistemáticamente a los niños de la ciudad fronteriza.
A través de su Secretaria de Salud, el Estado reconoció a finales de enero de 2012, que los niños de esta región padecen de sobrepeso y obesidad (hay niños con hasta 40 kilos de más) por lo que con programas como "Crece Sano", los niños de Tamaulipas serían orientados a "llevar una vida más sana".
"Una vida más sana" es simple y sencillamente una burla a la niñez mexicana por parte de quien se ha dedicado a desproteger, inculpar y perjudicar a quien se supone debería de cuidar.
"Una vida más sana" es simple y sencillamente una burla a la niñez mexicana por parte de quien se ha dedicado a desproteger, inculpar y perjudicar a quien se supone debería de cuidar.
En este sentido, se manifiesta la misma condición de vulnerabilidad cuando el director del Sistema para Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Durango, declara que redes delictivas que operan en la capital del estado, usan a niños y niñas de entre ocho y 10 años para repartir a altas horas de la noche y en los cruceros de colonias de la periferia, volantes y hasta catálogos en los que se promueve la prostitución, con números telefónicos para el servicio a domicilio.
Según la nota de Saúl Maldonado (La Jornada, domingo 29 de enero de 2012, p. 28), empleados de la dependencia retiraron a 12 menores que a finales del mes de enero fueron amagados. Sin embargo, Lucero González, procuradora de la Defensa del Menor, señaló que los funcionarios del DIF no han hecho denuncia alguna.
¿Si los trabajadores del DIF-Durango son funcionarios públicos y su labor es “atender los problemas sociales” y por tanto “a la población más vulnerable”, entonces por qué encubren redes de prostitución y explotación de menores? Simple y sencillamente porque el estado se deja amedrentar por las amenazas de las redes de prostitución que allí operan.
Merece la pena advertir que estos tres casos en donde la niñez es vulnerada y marginada, reflejan en la práctica los terribles pensamientos de niñas y niños de entre 6 y 9 años de edad.
Estos pensamientos en realidad fueron las respuestas que surgieron de un "ejercicio" preparatorio de la consulta infantil y juvenil que se realizó en Tijuana, Baja California; Campeche, Campeche; Torreón, Coahuila; Tepoztlán, Morelos; Mérida, Yucatán, y la ciudad de México.
En la nota titulada "Que esté limpio y no me maten ni me corten la cabeza: niños" (La Jornada, lunes 19 de marzo de 2012, p. 5), Alonso Urrutia menciona brevemente las desgarradoras respuestas que fueron incluidas en los reactivos aplicados por el IFE.
Por ejemplo, sobre su percepción a futuro, los niños manifiestan lo siguiente: que no me maten... que no haya más delincuencia... que no haya más balaceras... que no me corten la cabeza... que no maten a mis tíos...
Sobre la inseguridad, los niños afirman invariablemente que la calle es insegura: porque puede haber una balacera... por los balazos.... (por miedo) a que me roben... a encontrar balas perdidas... a las R15 y R50... que me puedan matar de un bazucazo... que maten a mi mamá... a mi familia.
Por ejemplo, sobre su percepción a futuro, los niños manifiestan lo siguiente: que no me maten... que no haya más delincuencia... que no haya más balaceras... que no me corten la cabeza... que no maten a mis tíos...
Sobre la inseguridad, los niños afirman invariablemente que la calle es insegura: porque puede haber una balacera... por los balazos.... (por miedo) a que me roben... a encontrar balas perdidas... a las R15 y R50... que me puedan matar de un bazucazo... que maten a mi mamá... a mi familia.
La calle -dice un niño de Tijuana- es peligrosa, la gente camina con cara de narco. Mientras tanto un niño de Torreón afirma que en el centro de su ciudad hay asaltos y balaceras.
Sobre la policía y los problemas que acarrea, los niños sostienen lo siguiente: en la terminal para México, la policía subió a mi abuelito y lo fueron a dejar quién sabe dónde y le quitaron el dinero; yo por eso evito parar por ahí, me da miedo... A veces los policías son los que hacen los problemas... Aunque son policías no son de fiar... Hay polis malos, no confío en ellos. Cuando me quiera matar un señor le cambio la pistola por una de agua; me dispara agua, pero luego yo con la pistola que le quito, lo mato.
Día a día aducimos más en la defensa contra la criminalización de la infancia y juventud mexicana. Desde las entidades cuyos gobiernos afirman ser los más seguros –como el Distrito Federal- hasta estados en donde impera pública e impunemente la violencia -como Nuevo León-, los jóvenes de todas las clases sociales pero en especial los más pobres, son encarcelados, alienados, utilizados.
Los tres ejemplos de vulnerabilidad antes expuestos, ocurridos todos a finales del mes de enero de 2012, son sólo una muestra pequeña de cómo el Estado es cómplice y culpable de crímenes de lesa humanidad.
Según la tipificación del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, el asesinato, el exterminio (que es la imposición intencional de ínfimas condiciones de vida encaminadas a causar la destrucción de un sector de la población), la prostitución, la desaparición y el desplazamiento forzado, la encarcelación, la tortura, la persecución y el secuestro, se consideran crímenes de lesa humanidad.
Estos actos son vigentes en México, sobre todo en el norte del país. La infancia y juventud mexicana se encuentran entonces, gravemente vulneradas, agraviadas y heridas, es por lo tanto aberrante e indigno permitir que la situación nacional siga afectada por el mal de la conmoción y el pavor (shock and awe).
La doctrina militar shock and awe, “inventada” a mediados de los 90’s pero seguramente puesta en práctica desde los años 60’s, ha sido desarrollada por investigadores de la Universidad Nacional de Defensa de Estados Unidos (José Steinsleger 9/05/2012) y su propósito fundamental es impulsar la descomposición y decadencia de un país “por default”.
La doctrina militar shock and awe, “inventada” a mediados de los 90’s pero seguramente puesta en práctica desde los años 60’s, ha sido desarrollada por investigadores de la Universidad Nacional de Defensa de Estados Unidos (José Steinsleger 9/05/2012) y su propósito fundamental es impulsar la descomposición y decadencia de un país “por default”.
Mientras que el Pentágono aplica la doctrina por medio de su poder militar en Irak y Afganistán, indica Steinsleger, en México se vislumbran ciertas características político-militares que en bajas proporciones, han venido agotando al pueblo de manera física, emocional y psicológica desde hace tiempo.
La aplicación de la destrucción masiva cada vez se hace más presente (recordemos a los 49 niños víctimas del incendio ocurrido en la guardería ABC en Sonora, los 72 migrantes asesinados en San Fernando, Tamaulipas, las 52 personas asesinadas en el casino Royal en Monterrey, los 44 internos asesinados del Cereso de Apodaca en Nuevo León, la 49 personas asesinadas y mutiladas en Cadereyta, Nuevo León etc.) así como nuevas modalidades de la guerra, como la negación o la distorsión de la información, y la difusión de la desinformación, tal y como señala José Steinsleger.













